Escritos Personales

Mi hijo y yo usamos cepillos de dientes rosados!

 

Hoy por hoy culturalmente el rosado representa la sexualidad femenina y el azul representa su contraparte masculina. Por más que haya o no una lógica sensata detrás, la sociedad en general lo acepta y entiende así, sin siquiera preguntarse ni por mera curiosidad el por qué de esto. Algo triste pero que hace parte del centenar de cosas que la gente acepta y sigue sin cuestionarse (unas mas dañinas que otras). Y es que por lo general cuesta bastante detenerse, reflexionar, cuestionar y atreverse a derrumbar nuestros prejuicios y costumbres, aun cuando esta más que claro que todo progreso y desarrollo surge de esa simple pero a la vez difícil tarea.

Hace poco llegue yo a la conclusión de que la madurez de un hombre puede medirse en la capacidad que tiene para ser superior a su propia cultura. En su voluntad e interés en derrumbar sus tradiciones para de esta manera depurar y desarrollar su propia identidad. 27 años en este planeta me han enseñado que pocas son las personas a quienes les interesa tener y defender su identidad. Para que molestarse?

Y que tanto daño puede hacer el color rosado?

Nuestra sociedad la tenemos tajantemente dividida entre hembras y machos, en rosa y celeste, en muñecas y carros, en negros, gitanos o peruanos. Y en este proceso enseñamos a nuestros hijos a llenarse de etiquetas y centrarse en las diferencias entre ellos, y OJO! que no solo es de genero. En vez de observar y apreciar las cosas que como seres humanos nos unen, y nos permiten llegar a alcanzar el conocimiento para nutrirnos de nuestras diferencias. Cómo podemos esperar que nuestros hijos aprendan a escuchar al otro, a sentir empatía y compasión por los demás si solo los alimentamos con las cosas que los separan al uno del otro? No es esta, al ojo de la sensatez, una ruta segura para causar conflicto? Y no es así como nos venimos criando? Es que ni los hombres son de marte, ni las mujeres de venus, ambos somos de esta tierra.
Volviendo al rosa, lo gracioso es que hace menos de 100 años el rosado (y rojo) era aún un color exclusivamente masculino, un color que representaba la virilidad, la hombría, la masculinidad y la fuerza. El color rosado era normalmente usado por príncipes, y se puede ver aún en los representaciones del divino niño jesus, “rey de reyes”, como usaba siempre una tunica rosa. No creo que el dios-padre-todo-poderoso-omnipotente-y-creador quisiera vestir a su niño, primogénito y heredero con un color con el que la gente pudiera decir que su hijo es “rarito”, “amanerado”, o “afeminado”, todo lo contrario, Jesus, como rey de reyes debía usar un color que trasmitiera fuerza, valentía y hombría: el rosado, pues al fin y al cabo en la mitología cristiana Jesus es quien va a venir a causar una verdadera trifulca aquí en la tierra, a cortar con su espada cabezas a diestra y siniestra y acabar con el enemigo supremo de su padre, es por esta razón que el niño Jesus siempre era representado con una tunica rosada.

Por otro lado, el celeste un color muy femenino, era comúnmente usado para representar la suavidad, paz, ternura, virginidad y femineidad de la virgen maria. El celeste es un color que representa lo femenino, por eso, las princesas siempre eran vestidas de celeste. De hecho hay una muy linda pintura de la reina Isabel vestida de celeste cuando era todavía una bebé. Y hablando de planetas, Marte (tierra de los hombres) es rojo, rosado. Y Venus (de donde vienen las mujeres) es azul, celeste.

Y como cambio esto? Bueno, las guerras del siglo pasado, los uniformes militares dejaron de ser rojos, los tintes sintéticos se abarataron, la gente quería vestir a sus niños de marines y marineros, vino la revolución femenina, las chicas también tenían derecho a usar el rojo, a trabajar y a estudiar, y las niñas pequeñas tenían el derecho a usar el rosa, porque no eran el sexo débil. Así que la moda le dio un vuelco total a la costumbre popular y sumergió nuestra generación en un paradigma mental ridículo en donde un niño tilda agresiva y peyorativamente a otro de homosexual por vestir el mas mínimo rosa.

Las costumbres dañan nuestra humanidad, nos encasillan y nos vuelven presos y al mismo tiempo carceleros de nosotros mismos, siendo solo el residuo innecesario de una causa que probablemente jamás conocimos, compartimos ni entendimos. Y ahi nos quedamos, prostituyendo nuestra identidad por tan solo imitar. Como miserables zombies sin cerebro.

Tristemente hay cosas que seguimos y creemos sin cuestionar, algunas causan un daño casi imperceptible como el color rosa, otras afectan directamente nuestra salud, como muchos hábitos alimenticios, hay otras que dañan a las personas, a los desconocimos y a nuestros seres queridos. Y las defendemos y continuamos solo por que son parte de una triste cultura y tradición sin siquiera tener la valentía de preguntarnos el por qué.

Bien dice aquel poeta colombiano: Muertos no son los que yacen en la tumba fría. Muertos son los que vagan con el alma adormecida.

Así que este rosa en nuestro cepillo de dientes es la lección con la que quiero demostrarle a mi hijo que no debe hacer las cosas solo por que se le dice que lo haga, por que los demás lo hacen, o por mera tradición o costumbre, es una manera de mostrarle que vale más nuestro pensamiento que las risas, burlas y opiniones de los demás, es una manera de mostrarle que debe ver siempre cual es la razón de una costumbre o una orden, analizar si esas razones siguen siendo validas en las condiciones actuales y si están en concordancia con sus valores y principios. De lo contrario prefiero que vaya preso a que doblegue sus convicciones. Porque al fin y al cabo es GRACIAS A LOS HOMBRES QUE HAN TENIDO LA VOLUNTAD PARA DAR SU VIDA POR SUS CONVICCIONES QUE LA HUMANIDAD ES QUIEN ES HOY. Muy poco hubiéramos andado si dependiéramos de aquellos que se avergüenzan si es que el vecino se rio de el, por vestir de rosa…

Mi hijo y yo usamos de vez en vez cepillos de dientes rosados para recordar la importancia de no seguir la corriente, cuestionarse, de ser desobediente y rebelde. Porque el rosa en nosotros simboliza la valentía para pararnos erguidos dispuestos a defender quienes somos, para defender nuestros principios, ética y valores por encima de los comentarios de los demás y por luchar por lo que creemos que es correcto.

Para terminar dejo el poema del colombiano Antonio Feijoo, quien paradójicamente, pese a no ser tan antiguo vivió en una época en donde hubiera sido tachado de “rarito” de haber vestido una camisa celeste.

“No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.
No son los muertos, no, los que reciben
Rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos
los que viven sin honra son los muertos.
La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor y es el recuerdo.
Por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo muertos.”

Y dejo también un video a un muy conocido experimento, el de los monos y las bananas.

 

Letra D (Venecia)

Letra D (Venecia)

S

aliendo de la ciudad en tren le escribí mi sueño al mar, al mar de Venecia. Un gondolero me había dicho (o mas bien lo susurro hablando solo) que para conocer el verdadero encanto de esa ciudad había que entrar por mar, donde el apetito del océano se hiso pausa en su afán de detrimento[1] para contemplar las suaves caricias de antaño que le ofrece con donosura[2] la ciudad.

Entonces pude suponer que había tenido suerte, una suerte inesperadamente planeada. Había llegado en primavera por lo que pude contemplar, a veces desde la ventana de mi hotel y otras con los pies bien mojados y sin poder hacer nada, como dos veces al día todo era absorbido por el agua en defección[3] al tener lugar el acqua alta. Y regresado a la normalidad tras las tenues y siempre bellas luces de tarde que cobijan a Venecia.

Me gustaba salir, salir y escucharles disentir[4], porque todos tienen su manera de comprenderla, como afluentes al gran canal se reúnen decenas de poetas a emanar con tanta dicacidad[5] en sus palabras el más bello canto a ciudad; La ciudad es consumida por el tiempo, desperdigada[6] por el deletéreo[7] mar que la avecina con ganas pero sin prisa. En una coalición constante que da lugar al ditirambo[8] de quienes con paciencia en la plaza de San Marcos, o bajo el puente de los suspiros la aprecian.

Tal vez es su misma decadencia lo que la tiñe de romanticismo e inspiración, lo que nos obliga a defenestrar[9] del alma toda preocupación. Tal vez sea el mar, quien con el tiempo le gane y exija la dimisión[10] de la ciudad, tal vez sea la ciudad quien aprenda a controlar la marea, quien convenza al mar o deje de seducirle con sus encantos.

En mi sueño ella moría, la horizontal del mar se veía interrumpida por su silueta, sus frágiles manos abrieron un hueco en la arena y con su corazón en llanto, la ciudad puso su pasado proa a altamar.



[1] Detrimento: Destrucción leve o parcial.

[2] Donosura: donaire, gracia.

[3] Defección: Acción de separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que se pertenecía.

[4] Disensión: Oposición o contrariedad de varias personas en los pareceres o en los propósitos

[5] Dicacidad: Agudeza y gracia en zaherir con palabras, mordacidad ingeniosa.

[6] Desperdigar: Separar, desunir, esparcir.

[7] Deletéreo: mortífero, venenoso

[8] Ditirambo: Alabanza exagerada, encomio excesivo.

[9] Defenestrar: Arrojar a alguien por una ventana.

[10] Dimisión: Renuncia, abandono de un empleo o de una comisión.

Letra C

D

espués de su seco sollozo, con la mirada en alto y sus pupilas estremecidas levantó sus brazos, de manera abrupta, reclamándole al convulsivo grito del viento por tan insensatas sinrazones. Sus pulgares se estiraban, erguidos como las manecillas de un reloj pasado mediodía hacia un cielo necio, al que por más que se le gritaba seguía omitiendo los apetitos de su fiel heraldo.

José era ya un viejo de coyunturas[1] apagadas, sus ojos casi inexpresivos adornaban de tan sobria manera aquellas cejas viejas, largas y profundas, que se avecinaban de manera pesada hacia las expresivas arrugas que concordaban entre sus mejillas. Sus manos gruesas, de uñas poco cuidadas, su pantalón azul añejo deslucido por el tiempo, por el mismo tiempo a quien con una lealtad sobre humana y el debido respeto a la circunspección[2] del clima el predicaba desde hace 42 años.

Su exactitud al predecir los vaivenes del tiempo era tal que más pareciese que este hombre sentenciara dicha suerte en vez de presagiarla. Y es que sus años, y tanta experiencia era más que prueba y palabra necesaria para demostrar al más incrédulo hombre que cuando este tipo dice que llueve, es porque sin duda siquiera hay que sacar un paraguas.

Pero los años cambiaban, y ahora en esta tierra las noches se hacían mas largas, más que en los otros inviernos. El frio compelía[3] a cargar con una noche eterna, a plegar los parpados y concomitar[4] con un bostezo el rol cualquiera que imponiese sobre nosotros la voluntad de las lluvias. Mientras en otros lugares el calor contrario era tal que el borde entre la locura y la cordura eran 6 simples tejas de barro que arremetían con sus sombras contra el deseo crápula[5] que intentaba dominar la mente de las personas.

Y fue en ese día, justo pasadas las 2 de la tarde de su cincuentenario, viéndose cansado de intentar comprender el por qué de esas últimas voces contingentes[6] y embusteras en las nubes, y conminado[7] por la necedad de un cielo que desde hace 3 años embestía sin previo aviso con los más inusuales giros del clima que decidió, con vehemencia y coraje partir hacia el calvero[8] que le enseño a leer en el ayer al próximo amanecer.

Hallándose en silencio comprendió entonces el daño que cada persona había causado lentamente sobre el planeta, con ira sus manos arremetieron a escribir una catilinaria[9] acusando a su gente de haber dañado el bello ciclo de climas del que este planeta disfrutaba. Y advirtió que su trabajo había ya terminado: “resguárdense solo con la esperanza de que otro mundo os acobije, porque el destino ahora esta pedido en las crueles manos del tiempo”.


[1] Coyuntura: Articulación movible de un hueso con otro

[2] Circunspección: Prudencia, cordura, seriedad

[3] Compeler: Obligar a alguien, con fuerza o por autoridad, a que haga lo que no quiere.

[4] Concomitar: Acompañar una cosa con otra

[5] Crápula: Mala persona

[6] Contingencia: Posibilidad de que una cosa suceda o no

[7] Conminar: Amenazar.

[8] Calvero: Paraje sin árboles en el interior de un bosque

[9] Catilinaria: Escrito o discurso vehemente dirigido contra alguna persona.

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