{"id":4782,"date":"2024-09-20T10:07:11","date_gmt":"2024-09-20T15:07:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arnoldroa.com\/?p=4782"},"modified":"2024-10-13T06:23:07","modified_gmt":"2024-10-13T11:23:07","slug":"el-adulto-en-proceso-como-acompanante-del-nino-la-consciencia-de-la-potencialidad-y-no-el-conocimiento-ya-adquirido-como-habilitador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.arnoldroa.com\/en\/otros\/el-adulto-en-proceso-como-acompanante-del-nino-la-consciencia-de-la-potencialidad-y-no-el-conocimiento-ya-adquirido-como-habilitador\/","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1l es la caracter\u00edstica m\u00e1s importante del adulto que acompa\u00f1a el aprendizaje de un ni\u00f1o?"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-4784\" srcset=\"https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1.png 1024w, https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1-300x300.png 300w, https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1-150x150.png 150w, https:\/\/www.arnoldroa.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/watercolor_coffee_shop_1-768x768.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Es el adulto en proceso el mejor acompa\u00f1ante del ni\u00f1o.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>En el camino de la educaci\u00f3n, tanto el ni\u00f1o como el adulto deben entender el proceso de aprendizaje no como un mero acto de acumulaci\u00f3n y transmisi\u00f3n de conocimientos, sino como una invitaci\u00f3n continua y g\u00e9nesis de s\u00ed misma a descubrir y reconocer la potencialidad del ser. Esta postura se distancia de la noci\u00f3n tradicional que asume que el conocimiento previamente adquirido es el \u00fanico habilitador del ser y de su hacer; es decir, que solo se puede actuar a partir de lo que ya se sabe. M\u00e1s bien, es la consciencia de que siempre se puede aprender lo necesario, en cualquier momento, lo que verdaderamente empodera.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando un ni\u00f1o se sumerge en su proceso educativo, lo fundamental no es la informaci\u00f3n que recibe, sino la percepci\u00f3n de su capacidad para aprender lo que desee, cuando lo desee y cuando lo necesite. El reconocimiento de esta potencialidad es lo que le otorga la verdadera libertad y habilidad para navegar su propio crecimiento. Este despertar no solo facilita el aprendizaje de nuevos conceptos, sino que tambi\u00e9n enra\u00edza en el ni\u00f1o la convicci\u00f3n de que puede explorar y conquistar cualquier terreno que elija en su vida. Y este momento de realizaci\u00f3n debe ser, sin lugar a duda alguna, uno de los principales objetivos del proceso educativo de los ni\u00f1os. Esta comprensi\u00f3n est\u00e1 por encima de ense\u00f1ar habilidades espec\u00edficas como leer o sumar.<\/p>\n\n\n\n<p>En contraposici\u00f3n, el enfoque educativo tradicional tiende a imponer una &#8220;mentalidad fija&#8221;, replicando contenidos y actividades de manera mec\u00e1nica, a\u00f1o tras a\u00f1o, sin permitir variaciones significativas que fomenten el descubrimiento. Este esquema riguroso, donde la repetici\u00f3n se convierte en el eje central del proceso, estandariza tanto a los educadores como a los ni\u00f1os, anulando la posibilidad de que emerjan nuevas formas de entender el aprendizaje. Se ense\u00f1a impl\u00edcitamente a los ni\u00f1os que primero deben saber para luego hacer, lo cual no solo limita su desarrollo, sino que tambi\u00e9n perpet\u00faa una visi\u00f3n est\u00e1tica del conocimiento.<br><br>Por otro lado, en el sistema escolar convencional, el profesor suele presentarse como una figura cuyo desarrollo y camino personal permanecen herm\u00e9ticamente cerrados para los alumnos, limit\u00e1ndose a transmitir el conocimiento que ya posee. Para el alumno, acercarse a los retos vivos del profesor, a sus intrigas o a su propio proceso de crecimiento, parece un pensamiento ut\u00f3pico. Adem\u00e1s, si consideramos el papel de las neuronas espejo, que facilitan la imitaci\u00f3n de las actitudes, se vuelve evidente que en un contexto acad\u00e9mico convencional, donde el profesor repite a\u00f1o tras a\u00f1o los mismos temas, se imita una mentalidad fija. El resultado es un entorno donde el profesor experimenta 20 veces un mismo a\u00f1o, sin espacio para el descubrimiento y la innovaci\u00f3n. Sin embargo, cuando un profesor adopta una mentalidad de crecimiento y comparte genuinamente su proceso con sus alumnos, ocurre algo transformador: los estudiantes no solo absorben el conocimiento, sino que tambi\u00e9n imitan las actitudes de apertura, curiosidad y evoluci\u00f3n continua. Un docente con mentalidad de crecimiento propio inspira a los alumnos a ver el aprendizaje como un proceso din\u00e1mico y vivo, donde ambos, maestro y estudiante, se nutren mutuamente.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Permitamos que sea la consciencia de la potencialidad (de aquello que es posible) y no el conocimiento previo el mayor habilitador del aprendizaje.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Frente a este modelo, surge una comprensi\u00f3n diferente del rol del adulto en la educaci\u00f3n. El adulto que acompa\u00f1a al ni\u00f1o no debe verse como un ser terminado, como una fuente inmutable de saberes que ofrece respuestas preestablecidas. Por el contrario, el adulto que verdaderamente acompa\u00f1a es aquel que se reconoce a s\u00ed mismo como un ser en proceso, un ser que, al igual que el ni\u00f1o, sigue aprendiendo, cuestionando y creciendo, y que comparte abiertamente su propio proceso con el ni\u00f1o. Es este adulto, que est\u00e1 en un constante proceso de descubrimiento, quien puede guiar al ni\u00f1o de manera m\u00e1s efectiva, mostr\u00e1ndole con su propio ejemplo que el aprendizaje es un camino interminable, lleno de posibilidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Este adulto en proceso no solo act\u00faa desde su conocimiento, sino desde la consciencia de su capacidad para aprender y adaptarse. Al estar en un estado de crecimiento continuo, el adulto ofrece al ni\u00f1o la posibilidad de ser testigo de un aprendizaje compartido, un espacio donde ambos crecen y se desarrollan simult\u00e1neamente. Esta din\u00e1mica es esencial para crear una relaci\u00f3n de confianza, respeto y mutua colaboraci\u00f3n, donde el ni\u00f1o entiende que no necesita tener todas las respuestas desde el principio, sino que puede construirlas en el camino, junto a su acompa\u00f1ante.<\/p>\n\n\n\n<p>La falacia de la respuesta correcta como camino para aprender. Ese mito limita el proceso de aprendizaje al establecer un \u00fanico camino hacia el conocimiento, cuando en realidad cualquier respuesta, incluso las aparentemente incorrectas, puede ser v\u00e1lida para generar m\u00e1s preguntas y profundizar en la comprensi\u00f3n. El ser humano es una m\u00e1quina inagotable de preguntas, y cualquier respuesta le sirve como punto de partida para formular nuevas interrogantes. En lugar de perseguir obsesivamente la verdad absoluta, debemos cultivar una curiosidad infinita. Si un ni\u00f1o pregunta por qu\u00e9 las flores son rojas y recibe la respuesta de que un duende las pinta de noche con t\u00e9mpera, esta respuesta no solo es v\u00e1lida, sino perfecta. Motivar\u00e1 al ni\u00f1o a intentar ver al duende, lo que dar\u00e1 lugar a nuevas preguntas y experimentos que, eventualmente, lo llevar\u00e1n a descubrir verdades m\u00e1s complejas sobre la biolog\u00eda. Es a trav\u00e9s de este proceso de preguntas y respuestas, siempre en evoluci\u00f3n, como la humanidad ha generado conocimiento a lo largo de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, esta visi\u00f3n del adulto en proceso no se limita \u00fanicamente al \u00e1mbito del aprendizaje intelectual. Abarca tambi\u00e9n el desarrollo emocional y espiritual, donde el adulto reconoce (y comparte) sus propios desaf\u00edos y vulnerabilidades, y, al hacerlo, invita al ni\u00f1o a aceptar y abrazar su propio proceso de desarrollo. De este modo, el aprendizaje no se circunscribe a lo acad\u00e9mico, sino que se extiende a todas las dimensiones del ser.<\/p>\n\n\n\n<p>La educaci\u00f3n, entonces, se convierte en un espacio de co-creaci\u00f3n, donde el adulto y el ni\u00f1o exploran juntos la infinita capacidad humana para aprender, adaptarse y crecer. En este espacio, lo importante no es el conocimiento acumulado, sino la consciencia de que el conocimiento es una herramienta siempre disponible, una herramienta que puede activarse cuando se necesite. Esta es la verdadera libertad que la educaci\u00f3n debe ofrecer: la capacidad de ver m\u00e1s all\u00e1 de lo conocido y de creer en la posibilidad de lo que a\u00fan no se ha descubierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por esto que es perfectamente posible para un ignorante ense\u00f1ar un conocimiento a otro ignorante.<\/p>\n\n\n\n<p>No es el conocimiento previamente adquirido, sino la consciencia de la capacidad de aprender la que permite al ni\u00f1o y al adulto, como seres en proceso, afrontar el mundo con una actitud abierta, flexible y curiosa, listos para transformarse y ser transformados por cada nueva experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es este tipo de mentalidad la que, como sociedad, necesitamos hoy.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es el adulto en proceso el mejor acompa\u00f1ante del ni\u00f1o. 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